Shinwa Densetsu no Eiyuu no Isekaitan

Shinwa Densetsu no Eiyuu no Isekaitan Vol.01 – Capítulo 22

Capítulo 22, Nubes Oscuras

Fue difícil separar a Liz de Aura, pero ahora, todos estaban sentados con calma en las sillas alineadas a los lados de la larga mesa.

“Así que, ¿por qué «Marte» del Tercer Ejército Imperial está aquí?”

Liz pregunta con la cabeza inclinada a un lado, a lo que Alfred responde tensándose, con sus ojos vagando, haciéndolo parecer nervioso.

Hiro estrecha sus ojos hacia Alfred, quien se había vuelto sospechoso, y observa cada movimiento suyo cuidadosamente.

Él mordió sus labios como si estuviera preocupado. Miedo y ansiedad comenzaron a aparecer en su esbelta cara.

Sin embargo, en un instante, se podía decir por la expresión de Alfred que él había llegado a alguna clase de decisión.

“E-Explicaré eso―”

Se levantó rápidamente, pero una larga manga lo golpeó en la cara.

Era Aura con sus mangas holgadas.

“No importa. Quédate sentado.”

“S-Sí…”

Las rodillas de Alfred cedieron y cayó en su asiento después de ser golpeado por la presencia intimidante.

Aura, quien estaba al lado de él, se levanta, inhala brevemente, y mira a Liz.

“Vine aquí a capturar a Su Alteza.”

Al menos una persona tuvo que haber escuchado el chasquido en la habitación.

Era un sonido extraño en una habitación llena de silencio.

Debió haber resonado intensamente, pero tal vez sólo pasó como un ruido cualquiera.

Pero, sólo hay una persona que lo notó.

Era el joven que llevaba un abismo consigo.

Una grieta se abre en el espacio ante su mano y sale una empuñadura, emitiendo una luz pequeña.

Dependiendo de cómo actúe la otra parte, él está listo para sacar a «Excalibur».

Eso es lo que expresaba la cara de Hiro, pero la oportunidad no llegó.

“Peleé contra una unidad dirigida por el «Ogro», y maté a muchos de sus soldados durante esa batalla, Su Alteza.”

Los sonidos que fueron expulsados de esa pequeña boca detuvieron el flujo del tiempo para todos en la habitación, a excepción de Aura.

“Sin importar lo que diga a estas alturas, no será nada más que una excusa.”

El fuerte brillo en los ojos de Liz atravesó a Aura, pero sin huir de ello, ella enfrenta su mirada y continúa su parte.

“Habiendo dicho eso, tampoco quiero darle una disculpa superficial. Si lo hiciera, esa batalla perdería sentido, y no sería capaz de hacer frente a mis subordinados.”

Ira, tristeza, resentimiento, ella acepta todo con sinceridad.

“Así que―No me disculparé.”

Después de terminar su monólogo, Aura da un pequeño suspiro, lleva la mano a su pecho, y cierra los ojos como una sacerdotisa con un oráculo.

“… Si te hubieras disculpado, te habría cortado con «Laevateinn».”

Hiro sintió que podía escuchar el grito en su corazón. Sin poder soportarlo, levanta su rostro hacia el techo y cierra los ojos.

Incapaz de sólo quedarse ahí y observar, Tris exhala.

“… Ellos tenían su determinación. Una determinación para enfrentar la muerte, que no se encuentra en soldados reclutados. Habiendo dicho eso, dudo que deseasen la muerte. Pero si te matamos, eso no es lo que quieren los muertos. Lo único que quedaría sería el vacío de haber realizado nuestro propio deseo. Eso sería, los vivos deshonrando a los muertos.”

¿Qué estaban aceptando? ¿Qué deseaban? ¿Qué estaban pensando? Los vivos no pueden suponer lo que está en los corazones de los que mueren.

Qué debieron haber sentido, con la Princesa Imperial, a quien admiraban como su maestra, ausente.

Es por eso que ella quiere saber.

No―Como la Princesa Imperial, ella debe saber.

“Hey, Aura… dime, ¿fueron valientes?”

Como una nube que estaba lista para llorar en cualquier momento, una sombra oscura apareció en la cara de Liz.

Aura asiente inexpresivamente y comienza a hablar con toda honestidad.

“Ellos eran excelentes, guerreros valientes. No menos que los «Cinco Generales del Cielo Negro».”

“Ya veo… Eso es―”

Liz mordió sus labios en un intento por resistir las lágrimas.

Ese es el más grande reconocimiento para un soldado del Imperio. Se podría decir que no hay mayor honor.

Como un Imperio militarista, hay muchos que admiran al Segundo Emperador, independientemente del estatus social. Esto era aun mayor para los soldados.

Y los «Cinco Generales del Cielo Negro» que apoyaron a «Marte» eran bastante populares.

Liz limpió una lágrima de la esquina de su ojo y sonrió.

“… Entonces estoy segura que fueron llevados a los Doce Grandes Dioses de Grantz.”

En el Imperio, se cree que aquellos que pelean con valentía y mueren, son llevados a los Doce Grandes Dioses de Grantz.

Aquellos que se convierten en espíritus guerreros corren por los campos de batalla una vez más con los dioses.

Por un tiempo, era como si todos estuvieran ofreciendo una plegaria silenciosa. Ninguna persona pronunció una palabra, y sólo el sonido de respiración resonaba por toda la habitación.

El que rompió ese silencio fue el tío de Liz.

“… Ahí es cuando la batalla entre Bunadara y yo comenzó. Pero eso rápidamente se volvió una tregua. La razón, como sabes, fue que el ducado de Lichtein había atacado… Es vergonzoso, pero la razón por la que nos enteramos fue gracias a que el Conde Bunadara nos lo informó.”

Después de hacer una pausa, Kiolk continúa.

“Estaba sorprendido. Ella ondeó una bandera blanca para detener la batalla. Mientras pensaba que era sospechoso, un mensajero llegó casi inmediatamente. Me dijo que el ducado de Lichtein había cruzado la frontera.”

“Había un invasor extranjero. No era el momento de estar peleando entre compatriotas.”

Aura intervino.

“Por supuesto… Aun si hay conflicto entre nosotros, cuando el Gran Imperio Grantz tiene un invasor extranjero, debemos estar juntos como una unidad fuerte. Aunque hay quienes están intranquilos en este ámbito.”

“Además, conseguí una victoria contra «Marte».” Kiolk agregó con orgullo.

Auro habló con sus cejas fruncidas, pareciendo disgustada.

“No había otra opción esta vez.”

Liz puso un dedo sobre su mentón e inclinó la cabeza, como si algo estuviera molestándola.

“Espera. Tío, ¿qué pasó con el Cuarto Ejército Imperial?”

“… He enviado muchas cartas, pero aún no recibo una respuesta. No parece que podamos esperar refuerzos.”

Después de responder las palabras de Liz, Kiolk revisa la habitación y murmura.

“Por cierto, no veo al Señor Dios…”

A pesar de sentir un cambio en la atmósfera tras decir eso, él continúa.

“Él debería haber ido al Fuerte Alt para reunirse contigo, Liz… ¿Tal vez no te reuniste con él?”

Después de ver la expresión seria de Liz, Kiolk se dio cuenta que había cometido un error.

Pero no se puede retirar lo que se ha dicho.

Tris levantó las cejas e intervino en un intento por romper la atmósfera incómoda.

“El ejército de Lichtein estaba esperando cerca de Baum. Ahí fue cuando…”

“… Ya veo.”

Kiolk, quien estaba inclinándose en su silla, dejó caer los hombros.

Aunque Kiolk debería haber sido consciente de que una fuerza independiente de 3,000 tropas de Lichtein se había dirigido al Fuerte Alt, ya que vio que Liz estaba a salvo, puede ser que él haya asumido que Dios estaba a salvo también.

“Y juramos vernos de nuevo.”

Cuando Hiro miró la cara de Aura, sus ojos estaban ampliamente abiertos como si también estuviera sorprendida.

“Ese «Ogro» fue…” Hiro escuchó a Aura murmurar.

En la esquina de sus ojos, Kiolk estaba llorando con remordimiento.

“Si sólo no hubiéramos ignorado la fuerza independiente…”

El ayudante de Aura, Alfred, respondió a las palabras de Kiolk.

“Este no es el momento de estar hablando de ‘si hubiéramos’. Es verdad que dejamos pasar a la unidad independiente, pero dar la espalda a 12,000 hombres para perseguirlos, habría sido sólo un suicidio.”

Ni una sola persona podía disentir con él.

Si hubieran abandonado el fuerte para perseguirlos, ellos habrían sido tomados por la retaguardia o tal vez habrían recibido un ataque de pinza.

Habrían tenido que derrotar primero a los 12,000, pero no estaban listos para enfrentar esos números.

“Además, estoy seguro que ellos vieron a Su Alteza entrar al fuerte, así que puede que no tengamos tiempo. Si Su Alteza es su objetivo, el enemigo probablemente vendrá a atacar.”

Hiro pensó en varias ideas… pero no sabía cómo expresarlas.

Pero su vacilación desapareció inmediatamente.

La razón fue que Aura habló llena de espíritu de lucha.

“… Es nuestro turno ahora.”

Había pequeñas llamas encendidas en sus ojos color plomo.

Kiolk endereza su postura y pregunta a la joven.

“¿Tienes alguna clase de plan?”

“Sí, iniciaremos un ataque desde el Fuerte Belk.”

“Creo que eso es imprudente… Sólo tenemos 3,000 con nosotros. Probablemente no seremos capaces de ganar luchando contra ellos de frente.”

“Es por eso que, por si acaso, me gustaría que Su Alteza y el Marqués Grinda permanezcan en el Fuerte Belk con 1,000 hombres bajo su mando.”

Su ayudante Alfred asintió con orgullo en respuesta a sus palabras, pero los demás tenían los ojos ampliamente abiertos con sorpresa.

“A partir de ahora, por favor sean testigos de una estrategia que no traerá vergüenza al nombre de «Marte».”

En la parte más alta de la torre en el centro del Fuerte Belk, uno puede ver todo el campo de batalla.

Todos están sudando profusamente por los calientes rayos del sol, y vientos húmedos fluyen entre Hiro y los demás.

En la plaza del fuerte hay 300 soldados de caballería y 700 de infantería en espera.

Ellos están listos para salir como refuerzos en caso de que algo suceda.

Al otro lado de la puerta de hierro, había una fuerza de 2,000 dirigida por Aura, organizada en una extraña formación.

Mirándolos con inquietud, Liz pone una mano en la pared, levanta su cuerpo, y expresa su preocupación.

“Hey, ¿crees que estarán bien…? ¿No sería mejor defender el fuerte?”

“No, eso sería un mal movimiento. Viendo el fuerte desde afuera, es difícil decir que es sólido. Si está bajo ataque enemigo por un largo período de tiempo, caerá fácilmente.”

“Entonces, ¿no deberíamos pelear con ellos, después de todo?”

“Tal vez. Pero el nivel de habilidad entre los soldados del Marqués Grinda y los soldados de Aura es diferente. Si pelearan juntos, hay una posibilidad de que los soldados de Aura sean afectados. Pero, habiendo dicho eso, si pelearan por separado, eso sólo llevaría a que cada uno sea aplastado individualmente.”

“Esto es tan difícil.”

“Sería diferente si tuviéramos los mismos números que ellos, pero ese no es el caso esta vez.”

Pero, derrotar a 12,000 hombres con sólo 2,000 es absurdamente difícil.

Si el comandante fuera inexperto, sería una aniquilación instantánea.

Sin embargo, viendo la extraña formación de Aura, las esquinas de la boca de Hiro se levantan para formar una sonrisa.

Todas las 2,000 tropas eran soldados de caballería pesada.

Había cinco líneas de 100 hombres, y detrás de ellos, había tres grupos de 500, de los cuales uno era la unidad principal.

Uno pensaría que atacar así sería la personificación de la estupidez, pero…

(Ya veo… Ella va a hacer un “Tridente.”)

Viendo la nostálgica formación, Hiro se dio cuenta que él realmente estaba de vuelta en Aletia.

Con la vanguardia comenzando su operación, el campo de batalla empieza a cobrar vida.

El cielo occidental está teñido de negro, llenándose de nubes oscuras.

Esa escena, que infundiría ansiedad en cualquiera que la viera, estaba acercándose gradualmente al campo de batalla.

Nadie sabía qué iba a ocurrir o lo que resultaría de eso.

 

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